E-mails Recebidos

¡Felices pascuas!


La Perla de gran precio


"... el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró" (Mateo 13:45-46).
¿Quién es la perla de gran precio preciosa?
La inmensa mayoría cree que se trata de Jesús. Pero si leemos con detenimiento nos daremos cuenta que el reino de los cielos es semejante a un mercader, a una persona que negocia para encontrar buenas perlas. Ese mercader es Jesús.
Entonces, ¿quién es la perla preciosa? ¡Nosotros! Jesús es aquel que va en busca de buenas perlas, y al hallar una de gran valor vende todo lo que posee y la compra. Él vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.
Esa perla de gran precio somos nosotros, la iglesia. Y para poder comprarla y pagar el precio, Cristo se despojó de sí mismo, renunció a todo, siendo rico se hizo pobre por amor a nosotros. Llegó a la pobreza más extrema. Entregó todo. Nos compró. El precio de nuestra redención fue muy alto.
El dueño del universo se hizo pobre: no tenía casa, ni almohada donde reclinar su cabeza. Y antes de crucificarlo le quitaron aun su ropa. Quedó desnudo, solo, en un grado tal de pobreza que sus amigos también desaparecieron, y aún el mismo Padre lo abandonó. Y allí, desde la cruz, clamó a gran voz: "Eli, eli, lama sabactani" ("Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?").
El precio de nuestra salvación fue muy alto, y él se dispuso a pagarlo. El sufrimiento que él padeció no lo atravesó ningún hombre sobre la tierra. No se trataba solo de los azotes, la burla y los espinos. Su mayor sufrimiento fue que, siendo santo, sin haber pecado jamás, cargó en su cuerpo el pecado, la inmundicia, la iniquidad, la inmoralidad de todos nosotros, de todas las personas que existieron a lo largo de la historia, desde Adán, hasta el fin de los tiempos. El Santo fue hecho pecado, abandonado por el Padre y ejecutado en nuestro lugar.
Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella para santificarla. La perla de gran precio somos nosotros. ¡Él vendió todo lo que poseía para comprarnos!
Tengo la certeza de que al comprender esta verdad, de cada uno de nosotros brotará el mismo sentimiento de admiración y gratitud hacia Jesús. ¡Nos considera perlas preciosas!
¡Qué difícil llegar a entender cómo siendo nosotros pecadores, llenos de suciedad e iniquidad, él nos ama, nos valora y nos considera perlas preciosas! Por eso estamos enamorados de Jesús. Su amor provoca inevitablemente una respuesta de parte de nosotros. No podemos huir de ese amor. Nosotros lo amamos porque él nos amó primero. Se vació de todo, tomó forma de siervo, se despojó de su dignidad humana, se hizo pecado y maldición, y nos compró con su sangre. Fuimos comprados a un muy alto precio.
Y ese precio solo lo paga el que sabe cuánto vales. No eres insignificante para Dios. Eres muy precioso. Dios te creó y te escogió desde antes de la fundación del mundo. Te amó desde los siglos pasados, y planeó para ti lo máximo: que te convirtieras en su hijo. Su plan para tu vida es que seas santo como su Hijo Jesús. El pecado nos dañó, nos llevó a la muerte, sin embargo él nos valoró y pagó un precio muy alto, nos compró con su sangre.
Cada ser humano es una perla de gran precio. También tus vecinos, tus compañeros de trabajo, de facultad, de escuela, tus amigos, parientes, con quienes te contactas cada día, todos fueron creados por Dios y para él. La Biblia dice que fuimos escogidos en Cristo. Por lo tanto, debemos aprender a mirar a los demás con los ojos de Jesús, y valorar a cada uno como él los valora. Detrás de aquel rostro dañado por el pecado y la maldad debemos ver una perla de gran precio, creada por Dios y para él, amada por Jesús al punto de que también murió por ella, también la compró a un alto costo.
¡Eres una perla de gran precio para el Señor!

Data: 10/04/2009

Jorge Himitian


Home / Política de Privacidade / Fale Conosco